jueves, 18 de junio de 2009

Ingrato.


Como pudo aquel ingrato compartir aquel momento, de alegría y de lamento, con la mujer de otra caballero. Otra noche en una barra conversando con el vino ese amigo al que cuenta, la historia que ha sufrido.

Te odio.


Te odio. Te odio con toda mi alma. Creo que ya te lo dije alguna vez. Pero, es que si supieras cuantas veces he derramado lágrimas por ti. Cuántos pensamientos horrorosos se me han escapado por ti. Cuántas ideas macabras he gritado por ti. Cuántas sonrisas fingidas... Pero sobre todo cuánto tiempo perdido. Si lo supieras, estoy segura que te creerías cuánto te odio. No soporto tu sonrisa, y mucho menos tus palabras. No soporto tu mirada, que me mata. No soporto ver cómo eres jodidamente feliz sin mi. Y sí, sin mi. Porque lo fui todo para ti y ahora no queda nada de eso en ti. Pero por supuesto ni mucho menos en mi. Te odio, te odio por tu boca que carece de ninguna verdad. Te odio como nadie en este mundo te odiará. Te odio, como no se puede odiar a nadie más. Te odio, porque siempre sigues ahí. Te odio, tanto que podría hacerte resucitar del miedo. Olvidaste en mi alma el cuaderno en el que solías preguntar cuántos días quedaban para vernos. Y es que te odio. Te odio. Me gustaría encontrarme contigo y decirte todo lo que te odio. Pero es que quizás no me atreviera, porque me di cuenta de todo lo que te odio y a la vez te quiero. ¿Por qué puede haber ese rencor impregnado de amor? Arg! Me odio. Pero también te odio a ti.
Ana eres estúpida. Pero estúpida de verdad. De las que no son capaces de pasar un día sin pensar en el por qué o en el quién. De verdad que me odio. Me odio. Y es que he descubierto una parte de mi que odio. Y sabes por qué la odio? Porque te odio, y no debería, no debería odiarte joder! Te amaba, o eso decía. No, no te quiero, solamente, te odio. Mucho, Muchísimo
.